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domingo, 12 de febrero de 2017

Los dichos de los viejitos, son evangelios chiquitos

Es triste y lamentable, pero es casi una ley de la vida. El vivir a saltos, poner cariños a prueba, y casi no sorprenderse de nada. Además de observar los clásicos patrones de conducta, aquello de la frase:

"Si se viste como mafioso, habla como mafioso y trata como mafioso, ES mafioso".

o ese que dice:

"Es un lobo con piel de oveja".

y aquella otra frase que dice:

"Una mariposa no hace verano".


La luz de los hechos que ocurrieron me predispusieron para pensar lo peor para el presente y el futuro. Lo dije, y también que eso no estaba dispuesto a vivirlo más, mira que no vine a ser mártir a esta vida.

Y sí, me siento más empoderada. Sé que puedo defenderme, a pesar de los malos modos que a veces uso y de lo explosivo de mi carácter naturalmente rebelde a las "obligaciones".

No sé que pasará mañana, espero que los cambios que han ocurrido estos días sean un buen augurio y no un "veranito de San Juan".

No nací para sufrir.

Y, como dice el dicho, "es mejor estar sola que mal acompañada".


lunes, 27 de junio de 2016

No hacer nada -o dejar que la vida te pase por encima-

Uy sí. Enfrentarse a problemas en la vida es terrible, como la llegada de un indeseado en tu casa... ojalá no verle la cara y menos acercarse...

Pero la vida es así. No siempre sale todo como deseamos, no siempre nos quiere quien queremos, no siempre alcanzamos lo que anhelamos y no siempre el mundo funciona a nuestro ritmo. Es una realidad y no podemos ni negarla ni eludirla.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Vivimos en un mar de lágrimas semana por medio, nos escapamos sin rumbo conocido hasta que logremos llegar a un sitio donde SÍ nos entiendan y SÍ nos acepten? Habría que ser familiar de Superman, para hacer el viaje más rápido, y andar con un equipaje estilo Chavo del 8 y su bolsito al hombro. Para el resto de los mortales, las cosas no son tan simples.

Lo otro, podría ser no echar raíces en ninguna parte, no tener trabajo estable y no pagar un alquiler. Con posesiones mínimas.

¿Y qué hacemos el resto?

Cuando nos enfrentamos a problemas, es normal y común quedarse pegado, no saber qué hacer, contrariarse... pero eso no puede durar días, semanas ni menos años.

Hay que tomar decisiones, que nos hagan poner las cosas a nuestro favor, y mejoren la situación de alguna manera.

Porque la vida no se resuelve sola, hay que despabilar, chasconearla y resolverla. Hoy.





martes, 14 de junio de 2016

Me cansé de los sicópatas



Hace varios añitos ya, y producto de malas decisiones que tomé en esta vida, fui objeto de abusos de varios tipos. Sin entrar en mayores detalles, mi mente - corazón - personalidad resultó con serios daños, que he tratado consistentemente en el tiempo para poder seguir adelante.

Pero.

Pero!

Cuando menos lo espero, aparecen... 

El año pasado apareció sicópata número uno, que destruyó el poco amor propio que me quedaba, que me insegurizó hasta hacerme minúscula... el causante de que pasaran años y años sin que lograra valorar nada de mi yo como mujer y como ser humano... después de terapias y terapias, después de haberme equivocado enormemente al elegir pareja por los sufrimientos que ÉL me provocó, aparece, 20 años más tarde... a decirme que ME AMA??? que siempre me ha AMADO?

¡Maldito gusano putrefacto! Y pensar que quise abrazarlo, para cerrar el capítulo y convencerme de que no había nada malo en mí... quise ayudarlo, otra vez, para que él también se valorara como ser humaaaano... podredumbre...

Y hace unos días, aparece sicópata número dos, que tomó el daño del anterior sicópata y perfeccionó el trabajo, convirtiéndome en un trapito sin voluntad y sin decisión. Para decirme ¡hola cómo estás!

¡Idiota mal parido! ¡Ándate a la mierda!

¡Ya no soy la de antes! ¡Ya no soy la de esos días! NO estoy para recuperar autoestimas ajenas, ni para ser paño de lágrimas, ni para levantar espíritus caídos, ni para condescender de las desgracias. ¡NO, NO y NOOOO!

Si te fue mal, qué pena por ti. Si te va bien, anda a disfrutar a otro lado.

Déjenme en PAZ. En serio.


martes, 30 de diciembre de 2014

Una costumbre de antaño que me daba vergüenza y aún me cohibe...

Recuerdo cuando era niña y venían visitas a casa. Casi siempre eran los tíos, primos, o antiguos amigos de la familia. A veces avisaban su llegada, pero a veces simplemente mirabas por la ventana y te los encontrabas de rompe y raja.

Me cargaba ser la primera, la que abre la puerta y dice Hola! Además porque cuando era adolescente siempre me amenazaban con acusarme de tal o cual cosa, osea dejarme mal delante de personas que si bien eran familia, no tenía la confianza.

Así que regularmente escapaba. Me iba a mi pieza, o al patio, muchas veces corriendo, para no ser yo la persona que abriera la puerta.

Estos días me di cuenta que me sigue cargando ser la primera en abrir la puerta, que hago como que tengo que ir al baño, me voy a mirar si estoy bien peinada, o cualquier cosa, con tal de no ser yo.

Será que hay cosas que nunca cambian?

martes, 28 de octubre de 2014

No escuchar las señales te mete en problemas y debo aprender de eso!

Como buena introvertida, me dan plancha o vergüenza varias muchas cosas. Me da vergüenza en particular pedir ayuda o favores, con más razón aún a personas a quienes no conozco.

Tampoco me hago cargo -a veces- de las señales que me podrían librar de problemas, como me ha pasado estos días. Un malestar pequeño se puede hacer grande con rapidez estos días, y yo debiera ser la primera en tenerlo super hiper claro...

Y cuando ya pasó el umbral de la vergüenza, cuando pedir ayuda o favores no es una opción meditable sino una necesidad de primer orden, sólo queda ponerse en manos de otros, para luego recriminarse aquello de las señales y el dejar de lado la plancha.

Habría sido más fácil, y no habría tenido que pasar malos ratos.

Debo ser más receptiva conmigo misma estos tiempos.

viernes, 2 de mayo de 2014

La cara lo dice todo


Yo sé que muchas cosas han cambiado desde que recurrí a una sicóloga para entenderme a mí misma y, por añadidura, a los demás.


Y lo primero que noté, fue el tema de la cara. Antes de la terapia, simple y sencillamente no se me acercaba nadie ni a preguntarme la hora. Admito que me daba miedo, que siempre pensaba que si alguna persona se me acercaba debía desconfiar, pero de eso a la cara que debía poner... debe haber sido una mirada hosca grado 10!

Ahora cualquiera persona me pregunta desde cosas simples como ayer, que estaba en una cola en el cine y me preguntaron si era para X pelis, a otras conversas más interesantes y divertidas que me ha tocado participar.

Sigo siendo introvertida, y eso es el tema que creo más importante. Igual me pongo algo tiesa si alguien que no conozco se me acerca, el tema de fondo es el miedo que antes tenía, que ya no está.

El tema podrá decir alguien más es el autoestima. Ahora me siento protegida, por mí misma, y no temo al otro. No de buenas a primeras.

Pero así pasaba.

domingo, 27 de abril de 2014

El por qué de la noche oscura

Cuando era niña, disfrutaba expresarme. Me gustaba cantar en público, bailar, y eso me traía alegría.

Pero en el colegio esos afanes se fueron opacando, porque llamaban la atención y provocaban rechazo del resto.

Así que me guardé en mi soledad, para evitar daño. Entonces quise escribir, cantar en la ducha, bailar en mi dormitorio, pensar y pensar.

Quise volverme una extraña, para que nadie supiera cómo era en realidad y así sentirme libre.

Pero la tristeza se apoderó de mi corazón, porque igual que todos necesitaba estar cerca de otros para sentirme ser humana.

Pasaron años de melancolía y tristeza, días que se terminaron cuando tomé la decisión de dejar atrás las actitudes y personas que me hacían daño, y me preocupé de alcanzar equilibrio emocional.

Y desde ese momento, este camino cuesta arriba me ha dado gratificaciones, más que nada en la vida. Puedo mirar a un otro sin miedo de ser atacada o incomprendida. Sé que aún no logro decodificar todos los códigos, pero sé quién soy, cómo soy y lo que quiero en la vida.

En paz.